miércoles, 20 de abril de 2011

Baron Biza



Myriam Steffor, la mujer que quiso llegar hasta las águilas.








En Septiembre Raúl Biza viaja a Europa, desolado. Su estadía europea es una sucesión de excesos sexuales y químicos. No puede olvidar a Myriam. Empieza a escribir una nueva novela, que no se publicará: “Gusanos”. Sólo han sobrevivido de esta obra algunas cuartillas que la describen como una “tragedia aeronáutica (…) en él se pone en descubierto toda la miseria de la aviación nacional, conjuntamente con la pobreza espiritual de ciertos hombres del gobierno. Hondo drama social en donde una heroína es sacrificada al egoísmo del ambiente”







La noche se ha hecho en pleno mediodía. Un pequeño papel, y de toda esa maravillosa mujer sólo quedaba en Marayes un monolito con esta inscripción: ‘Viajero, rinde el homenaje de tu silencio a la mujer que con su audacia, quiso llegar a las águilas’. Y en Córdoba, sobre el camino de Alta Gracia, coronado por el motor del traicionero ‘Chingolo II’, otro monumento con sus últimas palabras: ‘Chingolo mío, pájaro bueno con alas de papel y corazón de acero’

Lo más conocido sobre la vida de Myriam Stefford es el monumento ubicado sobre la ruta provincial Nº 5, entre Córdoba y Alta Gracia, en el paraje llamado Los Cerrillos.Esta mujer cuyo verdadero nombre era Rosa Margarita Rossi Hoffman nació en 1905 en Suiza. Se dedicaba a la actuación en el teatro en Viena (Austria) siendo además actriz en varias películas para el cine alemán bajo el sello de UFA utilizando el seudónimo Myriam Stefford. En 1928, a los 23 años conoció en Venecia al escritor y millonario argentino Raúl Barón Biza con quien se casó en la Catedral de San Marcos, el 28 de agosto de 1930. Así ella abandona su carrera de actriz para radicarse en Argentina.Myriam amaba la aviación, que practicaba junto a su esposo. Ambos decidieron primero unir Buenos Aires con Río de Janeiro y luego un raid por 14 capitales argentinas. Salieron de Buenos Aires en el avión Chingolo I y tras dos aterrizajes de emergencia en Santiago del Estero y Jujuy, ella siguió junto con otro copiloto, Luis Fuchs, a San Juan con otro biplaza, el Chingolo II. En la localidad de Marayes tuvieron un nuevo accidente pero esta vez a Myriam le costaría la vida, a sus cortos 26 años, un 26 de agosto de 1931.








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