El Choreo
lugar dedicado al robo, hurto,estafa, fraude, raterío,desfalco, saqueo,pillaje, timo, choreo, ardid, egaño, o, simplemente, al plagio ! (gracias a todos ustedes por escribir, yo, choreo)
jueves, 22 de septiembre de 2011
El mejor encargo de mi vida personal

Choreo del FLBA, por Yuri Herrera, escritor Colombiano
Comenzamos a jugar. Perdimos. Seguimos jugando. Perdimos. Entonces nos separamos, como hacen los que buscan para abarcar más, y comenzamos a ganar. Aposté en una máquina en la cual había que alinear simios, bellotas, fresas, serpientes. Pero había otras combinaciones y yo no entendía mucho por qué ganaba o perdía, como me han llegado otras victorias y fracasos en la vida, inexplicablemente. Pero luego empecé a doblar apuestas, a mirar tendencias, a comunicarme con la máquina. Sí. De pronto, habiendo comenzado con 100 créditos, tenía 900. Debí haberme mirado al espejo; aunque no lo hice sé que tenía los ojos desorbitados, porque ahí fue que empecé a apostar quince líneas a cinco créditos por línea, a golpear y golpear el botón, a exigirle a la máquina que también me revelara sus secretos y a acariciarla mientras aguardaba su veredicto...
La historia oficial es que perdimos todo. Así es que por favor no presten atención a mi bronceado de cama de rayos ultravioleta, y no le hagan ningún caso a un monstruo escurridizo que justo ahora se pasea entre ustedes, portando un collar de diamantes.
domingo, 11 de septiembre de 2011
Andrea Jeftanovic
Andrea; así como un día, allá lejos, Kafka me dijo con "El proseso": por acá va la vida, El Rafa Chaparro Meidiedo con "opio en las nubes" me indicó "estás en el camino"...y Lamborghini en tadeys sentenció, también hay un poco de esto !
sábado, 25 de junio de 2011

Recuerdo haber atravesado cierta noche París en el preciso momento en que eran encendidos los faroles callejeros, en uno de esos trepidantes vehículos que nadaba como una enorme ballena a través de las sombras que se espesaban. Era una noche en que yo me sentía particularmente turbado y triste y en que mi cerebro barajaba nombres de títulos y acciones, cotizaciones bursátiles y cifras de las cuales dependía mi libertad, como una pobre alma errante poseída por los demonios del cálculo. De pronto, todo me pareció extraño, los cafés, los bulevares, las tiendas. Comencé a mirar a mis vecinos del piso de arriba, el imperial del autobús, y no me parecieron ya casuales compañeros de travesía cuyos espíritus se levantarían al acercarse el fin del viaje, sino mas bien viajeros misteriosamente escogidos para atravesar la vida conmigo. Y pensé con horror que todos nosotros, extraños el uno para el otro, estábamos amenazados en el mismo grado por un posible accidente a tal punto que todo lo que ocurriera allá abajo entre los caballos y la calle, y de lo cual nada sabíamos en absoluto, tendía a crear entre nosotros una profunda unidad, una intimidad más terrible que la intimidad del amor, la intimidad de una tumba común... Pensé que aquel imperial o mejor dicho el propio autobús, era poco más o menos la imagen de la vida. Porque existen en el mundo dos clases de individuos, los que, a semejanza de la gente del imperial son trasladados sin conocimiento alguno de las máquinas que habitan y los que saben lo que hace girar las ruedas, los que manipulan la maquinaria del monstruo. "
Este choreo es de los buenos (por fin!!), es de un texto de Louis Aragón ( Francia 1897/1982), "Viajeros de la imperial"

"PROSTITUTA NO ES ABRIRSE DE PIERNAS...SINO CERRAR LOS OJOS."
Choreado del libro "Un crímen argentino" de Reynaldo Sietecase...
No es que sea "la" obra, pero se lee, se deja leer bien, de un tirón ( o dos), la trama atrapa, tiene el lenguaje propio de los escritores/periodistas, es justa. El personaje es un abogado delincuente que te hace quererlo, casi. El libro va por lugares previsibles, parece que de un momento a otro va a entrar por un atajo que el lector no vio. Se queda en la intención y quiere "sorprenderte" ( así lo dice la voz que cuenta la historia) casi en el último renglón, y casi lo logra, casi. Para leer en verano. Lástima que hace frío.
viernes, 3 de junio de 2011
EN BUSCA DE UNA PERLA !

Le he dado muchas vueltas al asunto. Tranquilo, me digo. Recorro decenas, cientos de blogs en busca de una perla. El mar es inmenso y las profundidades me aterran. Tranquilo, me digo. Solo encuentro un poco de carroña, sólo eso. Leo con ingenuidad: 782 seguidores; 1375 seguidores; 92..;857...y pienso: Escribir un blog es como invitar a alguien a casa y permitirle que sóo escuhe...al fin de cuentas, me digo, mi casa es un monoambiente, tranquilo.
jueves, 2 de junio de 2011
Angel Negro Vs Angel Blanco (homenaje al Dr Víctor Sasson)


Se había acercado la moza ya varias veces. Conocía bien a Víctor.
No podía ser que una pizza grande de muzzarella y morrones ocupe su aguda cabeza...
Nos solíamos juntar una vez al mes para contarnos cosas. En realidad yo no contaba casi nada, sino que sólo comía y escuchaba a Víctor.
El tenía, al menos eso calculo, más de setenta y yo, también calculo, no más de 24. Víctor era juez de la Nación. Era el Dr. Víctor Sasson, del cuál yo estaba orgulloso y del que disfrutaba de cada conversación.
Víctor habí sido el juez que mandó a prisión a Robledo Pucho, me había contado el proseso varias veces.
Ese día como otros tantos, nos juntamos a comer una pizza en el Paseo de la Plaza, en Corrientes y Montevideo. Me estaba contando sobre el caso Shocklender (había sido, según me confesó, el abogado defensor de Sergio antes de que se profugase), tenía una particular visión de lo sucedido, visión que por respeto a su recuerdo prefiero no contar aquí.
La tarde avanzaba, lenta. Víctor además de Juez, obviamente era abogado. Casi al final de la comida y desfallecida mi ilusión que Víctor hiciese algún comentario sobre los ojos de la camarera (eran para hacerlo!, y él el indicado), ella nos trajo la cuenta. Fue entonces cuando Víctor sacó de su impecable saco gris una tarjetita donde se leía su filiación y profesión: Dr. Víctor Sasson, abogado. La niña miró al principio con algo de asombro y antes de que pudiera decir algo, Víctor agregó:
"Señorita, soy abogado penalista, el día que usted mate a alguien con esos ojos, llámeme".
Es una historia corta, es el recuerdo de quién fuera quizá el último Dandy que la ciudad haya visto. Es, sin mucho más, mi pequeño homenaje y recuerdo al amigo y maestro, el Dr. Víctor Sasson.
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