
Choreo del FLBA, por Yuri Herrera, escritor Colombiano
Comenzamos a jugar. Perdimos. Seguimos jugando. Perdimos. Entonces nos separamos, como hacen los que buscan para abarcar más, y comenzamos a ganar. Aposté en una máquina en la cual había que alinear simios, bellotas, fresas, serpientes. Pero había otras combinaciones y yo no entendía mucho por qué ganaba o perdía, como me han llegado otras victorias y fracasos en la vida, inexplicablemente. Pero luego empecé a doblar apuestas, a mirar tendencias, a comunicarme con la máquina. Sí. De pronto, habiendo comenzado con 100 créditos, tenía 900. Debí haberme mirado al espejo; aunque no lo hice sé que tenía los ojos desorbitados, porque ahí fue que empecé a apostar quince líneas a cinco créditos por línea, a golpear y golpear el botón, a exigirle a la máquina que también me revelara sus secretos y a acariciarla mientras aguardaba su veredicto...
La historia oficial es que perdimos todo. Así es que por favor no presten atención a mi bronceado de cama de rayos ultravioleta, y no le hagan ningún caso a un monstruo escurridizo que justo ahora se pasea entre ustedes, portando un collar de diamantes.
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