miércoles, 16 de marzo de 2011

ANARQUISTAS AL PODER

No ser peronista es una forma del optimismo universal parecida a la misantropía, una aspiración noble, que se arrulla en esos rincones donde se evaporan visos y todo se ve entre la santidad y la abyección. El peronismo no es un campo óntico: es la fuente ontológica misma. El otro polo de una de las máximas políticas de la literatura patria –“nunca seré vandorista”- es el anarquismo conservador, contra el cual en cierta probable forma aquel sistema que la contenía se irguió. Fue otra forma más de traicionar a Macedonio Fernández con Lugones –los dos maestros esquizofrénicos (cada uno a su modo dispar) de Borges-, que hizo honor a una verdad general aceptable en cualquier foro: que en la Argentina el liberalismo (Fernández respondía a su manera periférica y outsider a la tradición anglosajona del anarquismo liberal) es –o se convierte inmediatamente en- conservadurismo liso y llano. (Lamborghini barajó todas las variantes posibles dentro de la paradoja y la traición: peronismo sin Vandor, vandorismo sin Perón, etc.) Como respondiendo a esa vaga –haragana- utopía de paz perpetua en Borges debería convenir sentar que ser anarquista es algo que con toda improbabilidad alguna vez se pueda merecer

p/s Levantado, impunemente de NOREP; VALOR Y GRANDEZA y escrito en Witzky, el fantasma.

p/p/d Podría agregar que ser o no peronista es, lo mismo da, ser de River o de Boca...no importa nunca cómo se juega, ni si gana ni si pierde, ni si hay "arreglo" o si no lo hay...se es o no se es, éso, no tiene nada que ver con el futbol, pasa por el cuore, y punto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario