martes, 8 de marzo de 2011

La señorita Fleur Jaeggy

" una cierta glacialidad también revela sentimientos", con esta frase, quizá la preferida de muchos autores para hacer referencia a Fleur Jaeggy, uno puede, si es paciente y tiene un Google a mano, entrar al gélido mundo de una excelente narradora, que ama el frío. Vila Matas, escritor que leo, y leo, y leo a menudo escribe: "me fascina el frío, he llegado a pensar a veces que el frío dice la verdad sobre la esencia de la vida. Detesto el verano, el sudor de las suegras despatarradas por las arenas del circo de las playas.Los arroces al sol, los pañuelos para el sudor. me parece que el frío es muy elegante..."y dice que dice Enric González-, "desechado todo sentimentalismo, es justamente el frío del ambiente el que otorga el valor a los sentimientos cuando éstos aparecen, el mismo valor que cobra en una morgue cualquier señal de vida."
Me acordé entonces que, cuando niño, uno tiene la certeza de que no nos podemos ir a dormir después de haber visto una película de terror,, "porque después tengo pesadillas", me pasaba con los (ya legendarios capítulos de "El hombre del pulpo Negro", de Narciso Ibañez Menta), cómo irte a dormir después de haber visto que un presidiario se las ingenia para escapar de la prisión. Era un plan simple: habiendo tomado contacto y ganado la confianza de un viejo presidiario que era nada menos que el encargado de hacer los ataúdes de los presos que morían en confinamiento, urde un plan que consistía en que, al próximo preso muerto, él se presentaría por la noche y se acomodaría junto al cadáver en el cajón. El viejo carpintero sólo debía esperar y unas horas más tarde ir a "desenterrarlo". Todo sucedió tal y como estaba previsto, sólo que al retrasarse el viejo en rescatarlo, éste se empieza a desesperar y a tratar de moverse junto al muerto. Por esas casualidades de la televisión, el aprendiz de fugitivo lleva consigo una caja de fósforos que enciende. Grande es su sorpresa cuando ve, azorado y desesperado que el hombre muerto que estaba enterrado junto a él, era, nada menos que el viejo sepulturero...
Tendría no más de diez u once años desde aquella noche en que no me pude ir a dormir de inmediato. Ahora que he suplantado buena parte de mi tiempo en leer un libro a costa de la televisión, a pesar de haber pasado más de treinta y cinco años, me sucede lo mismo que aquella noche: después de leer que, una vez desechado todo sentimentalismo, es justamente el frío del ambiente el que otorga el valor a los sentimientos cuando estos aparecen...el mismo valor que cobra en una morgue cualquier señal de vida". Cierro el libro, hora de ver un poco de tele !!!

Choreo: "Dietario Voluble", de Enrique Vila-Matas.

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