miércoles, 16 de marzo de 2011

HAY ESCRITORES QUE MATAN

Lo de Salta, (se refiere a un artículo del periodismo salteño, en el que con ocho casos de suicidio, basta, para hablar de "una ola de suicidios") en todo caso, es hoy, o ayer mismo, y el suicidio cercano siempre conmueve. (La poesía la ponen esta vez los lugares que sirven de escenario: Pozo Verde, Los Naranjos, Rosario de la Frontera... Imaginemos los agrestes desiertos del NOA, el calor, el sol en el horizonte. Qué fácil se hace las cosas el tardo-romanticismo que nunca se termina de ir.) Pero no necesitamos irnos tan lejos. A mediados de la década del 90, una profesora que enseñaba literatura argentina del siglo XIX en la Universidad de Buenos Aires se suicido tirándose al vacío desde el balcón de un departamento porteño. Yo la había tenido como docente y era una persona amable, sensible, incluso bella. Me enteré en un pasillo, antes de entrar a otra clase. Recuerdo muy bien las pobres explicaciones: “La madre estaba muy mal y ella, muy deprimida…”. Después también se suicidó Gilles Deleuze con método similar. Pero el filósofo estaba enfermo, era francés, famoso, vivía muy lejos y yo nunca lo traté personalmente. Deleuze se podía suicidar.

Choreado a Juan Terranova en "Escritores suicidas" y levantado de www.omargenovese.wordpress.com (altamente recomendable) (y hasta que la yuta no llegue, me verán por ahí!!!)

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